Si funciona, no lo arregles

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Cualquier usuario de Linux que se obsesiona con lo irrelevante para estar cambiando de distribución o sistema operativo

Una de las cosas más curiosas de ser un usuario de GNU/Linux Linux es que con el tiempo uno se vuelve inconforme. Sí, uno se termina volviendo descarado con lo que funciona bien. Supongo que es como cuando un chico de una familia pudiente se vuelve mamerto y empieza a acercarse a la izquierda: el joven en cuestión (muy rara vez un hombre maduro suele dejarse convencer por un charlatán) tiene su vida casi asegurada, pero desea abandonar esa seguridad para adentrarse en el terreno de lo absurdo. Así creo que nos hemos portado la mayoría de usuarios de Linux en algún momento de nuestras vidas.

La mayoría habremos empezado por una distribución enfocada al usuario final que después de algún tiempo ‘dominamos’. En mi caso, creo que todo empezó después de ver un video del Ubuntu de 2006 o 2007 con ese juego de efectos de Compiz que se había vuelto popular con el tiempo. Después de mucha lectura de wikis, foros y blogs decidí instalarme el Ubuntu 8.04 para luego desterrarlo por varios años. El sistema era bueno pero le faltaba algo, así que probé otras distribuciones como Fedora o Mandriva, y sucedía algo similar ya que tenían un buen número de paquetes para instalar, pero una terrible carencia de información sencilla para los usuarios nuevos, eso sin contar con que encontrar aplicaciones compatibles con Ubuntu o Debian es más sencillo.

Probé con otras distribucones, cambiando el entorno de escritorio de mi entonces querido GNOME 2 -ahora Mate- a KDE. Eran los primeros años de KDE4 y el entorno crasheaba cada tanto, pero eso sí, tenía una apariencia y comportamiento muy similar al de Windows. Nunca pude usar OpenSUSE tranquilamente ya que me resultaba estresante seguir sus guías de instalación y sus herramientas que no me parecían nada intuitivas. Usé Chakra durante alguna temporada, pero su obsesión con las librerías qt me obligaba a usar casi exclusivamente aplicaciones para KDE. Creo que la única de las distribuciones KDE que me ha convencido es la turca Pardus que era perfecta para usuarios no experimentados en Linux, aunque tuviera una bajísima cantidad de paquetes para instalar.

Me rendí por allá en 2011 ya que Mandriva estiraba la pata y ninguna distribución llenaba mis expectativas. No era el único, ya que sabía de usuarios que se obsesionaron por pequeñeces como la apariencia de sus aplicaciones o simple aburrimiento y decidieron dar el salto a otros sistemas como OpenSolaris o alguno de los BSD. ¿Como se puede llegar al extremo de cambiar de sistema operativo por la apariencia de una aplicación? Mejor no hablo de aquellos que compilan todo el software que utilizan.

A día de hoy sigo creyendo que Windows funciona bien para la mayoría de cosas que la gente necesita y que Linux es para aquellos que nos gusta meter mano al PC. Un usuario de Windows que mantenga actualizado su antivirus, que no descargue e instale .exe’s de cualquier sitio web (especialmente de sitios como Softonic) o que desfragmente su disco periódicamente va a tener una buena experiencia en su PC. Creo que parte del disgusto hacia Windows empieza con cosas que no se pueden cambiar como sus extensos tiempos de arranque y apagado, o la siempre presente obsesión con aquella memoria USB que tiene un virus de esos que te desaparecen las carpetas.

Por allá en 2013, cuando daba mis primeros pasos en este blog, volví a darle otra oportunidad seria a Linux. No iba a probar más con distribuciones corporativas (algunos las llaman profesionales), sino con algo que me resultara sencillo y que no me implicara más migraciones. Di con Manjaro, de la que hablé durante un largo tiempo, pero que terminó por desilusionarme porque aunque estuviera orientada hacia usuarios no necesariamente informáticos, absorbía mucho de mi tiempo resolviendo problemas que aparecían luego de alguna actualización. La situación no mejoró cuando usé Antergos y le di a Ubuntu una oportunidad, aunque finalmente regresé a Windows el año pasado durante varios meses mientras acababa materias en la Universidad.

Este largo post es solo el resumen de alguien que apenas si anduvo por el mundo del distro-hopping, y para ser franco resulta agotador. Por supuesto no físicamente, pero termina uno aburrido porque no se siente cómodo con ningún sistema operativo. He terminado usando Ubuntu porque me resulta muy conocido, tiene muchos tutoriales y la inmensa mayoría de las aplicaciones funcionan bien. Hay algunas cosas que me siguen disgustando de Ubuntu, como el renderizado de fuentes (a mi parecer mejorable), el hecho de que el método de entrada para el coreano sea por defecto fcitx en vez de ibus o la dificultad para instalar Guitar Pro 6. Pero con un poco de paciencia me he ‘casado’ con Ubuntu, aceptando sus errores y no obsesionándome al respecto.

잘가 ^^

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