La influencia del Cristianismo en el pensamiento de Hayek

(Traducción libre de Christianity and Hayek de Kenneth G. Elzinga y Matthew R. Givens para Gordon College. Gordon College es una Universidad cristiana no denominacional de artes liberales. Algunos elementos fueron removidos o adaptados para evitar reclamos o por contenido que no consideré apropiado para este blog).

Friedrich August von Hayek (1899-1992)
Friedrich August von Hayek (1899-1992)

Discutimos la influencia del Cristianismo en la obra de F.A. Hayek. Como un liberal clásico, Hayek pasó su vida definiendo y defendiendo un estándar de libertad diferente al del Cristianismo, que apesar de ello dependía de la creación y continuidad de una sociedad moral que la defendiera. De hecho, gran parte del pensamiento hayekiano descansa en premisas cristianas. De manera similar al Cristianismo, Hayek apoyó una alta y una baja visión del Hombre, pero sus ideas fueron enraízadas en la ortodoxia al igual que la evolución. Aunque Hayek era un profeso agnóstico, mostramos que su tratado sobre la libertad individual fue más consistente con una visión Judeo-Cristiana que el de sus colegas naturalistas y sucesores posmodernistas.

A lo largo de su carrera académica, F.A. Hayek se esforzó en entender la relación entre el comportamiento humano, la libertad individual y la economía. Como Nobel en Economía, Hayek se convirtió en el tipo de economista de quien Keynes (1936) escribió:

Las ideas de los economistas y filósofos… son más poderosas de lo que se cree. De hecho, el mundo se rige por poco más. Los hombres prácticos, que se creen libres de cualquier influencia intelectual, usualmente son esclavos de algún economista muerto (p. 38).

A pesar que las personas no son “esclavas” de las ideas de Hayek, y Hayek no es un economista muerto, millones de personas comúnes y corrientes, (los “hombres prácticos” de Keynes) viven bajo la influencia indirecta de este académico.

A pesar de sus logros y notoriedad, poco se ha escrito sobre el impacto que la cristiandad tuvo en Hayek. Algunos de sus discípulos han argumentado que sus ideas pueden ser clasificadas dentro de una visión cristiana (VanDrunen, 2002; Klay y Lunn, 2003). Nuestra investigación toma una dirección diferente y discutimos si el pensamiento de Hayek ha sido influenciado por el pensamiento cristiano.

Sería irresponsable decir que la estructura de análisis hayekiano imita la ortodoxia cristiana. Hayek escribió como si el Dios de Abraham, Isaac y Jacob no existiera. Durante su vida adulta, Hayek no participó en servicios de adoración, no hizo parte de ninguna confesión religiosa, ni tomó los sacramentos. Su filiosofía de liberalismo clásico acentuó la importancia de la libertad. Pero la libertad de Hayek era diferente a la expresada en las Sagradas Escrituras. Hayek entendió la libertad como “el estado en el que el Hombre no es sujeto a coerción por el arbitrario deseo de unos u otros” (Hayek, 1960). Por otra parte, la libertad en la Biblia es entendida como un estado libre de la maldición y destrucción de la pecaminosa naturaleza humana.

Aunque Hayek era un autoproclamado agnóstico, el Cristianismo fue fundalmental para el pensamiento hayekiano. A pesar que Hayek abandonó la fe en la revelación de Dios, su esperanza por la “constitución de la libertad” dependía de la creación y continuidad de una sociedad moral que ampliara y extendiera la libertad. Por otra parte, Hayek no tenía en alta estima a la Biblia, pero su concepto de la Humanidad se originó dentro de un marco Judeo-Cristiano. Su constitución de la libertad no podría ser incluída junto al Naturalismo, donde la humanidad es una raíz, nada más que el producto de procesos moleculares y leyes físicas. La más grande contribución de Hayek como académico fue una vida definiendo y defendiendo un estándar de libertad. Al hacerlo a menudo se apoyó en premisas cristianas para probar su punto (Ebenstein, 2001. p. 163).

1. El contexto

F.A. Hayek y su hermano menor Heinz en 1903
Friedrich y su hermano menor Heinz (1903)

F.A. Hayek nació en 1899 en una acomodada familia de la aristocracia austriaca. Aunque creció en un hogar católico romano (Ebenstein 2001. p. 13), muchos de los miembros de su familia se sumaron al Evolucionismo. Su entorno doméstico le hizo interesarse en la biología, ecología y física. Después estudiaría otras materias a medida que avanzaba en la escuela y se empezaba a interesar en la economía, ley y psicología.

A sus diez años, Hayek luchaba con cuestiones que los chicos de su edad no toman en serio hasta que se hacen mayores. Empezó a considerar el Cristianismo por un profesor persuasivo del gimnasio al que iba (Hayek, 1994. p. 41). Con la guía de su piadoso profesor, Hayek tuvo convicción de pecado y necesidad de un salvador (Hayek, 1994. p. 41). A sus quince años se cuestiona sobre Dios, ya que nadie podría responder satisfactoriamente sus preguntas (Hayek, 1994. p. 40; Ebenstein, 2001. p. 13). Por otra parte, su familia desalentó su compromiso con el Cristianismo. Hayek recuerda que le dieron una biblia cuando era niño, pero esta desapareció durante la época que quiso leerla (Hayek, 1994. p. 40).

Despues de abandonar el Cristianismo, se hizo agnóstico y más adelante se dio cuenta que le desagradaba la religión: “Cuando siento hostilidad hacia la religión, es contra las religiones monoteístas porque son terriblemente intolerantes (Hayek, 1994. p. 42)”. Aunque esto era lo que decía, sus escritos revelan una posición más conciliadora. Él rechazó la religión de manera personal, pero creía que era necesaria en el contexto social de la libertad, llevando a algunos a pensar que era una contradicción. De hecho, mientras decía que nadie podría conocer o entender a Dios, la religión nunca le dejó.

En La fatal arrogancia (1988), su último libro antes de morir, Hayek describe la influencia de las ideas religiosas en una sociedad funcional.

Nos guste o no, debemos la persistencia de ciertas prácticas, y la civilización que surgió de ellas, en parte por apoyar creencias que no son ciertas -o verificables- de la misma forma que los postulados científicos, y que ciertamente no son resultado de la argumentación racional… ellas ayudaron a sus defensores a “reproducirse, multiplicarse, repoblar la tierra y ponerla bajo su dominio” (Génesis 1:28). Incluso aquellos, como yo, quienes no estamos preparados para aceptar la concepción antropomórfica de una divinidad personal (énfasis añadido) debemos admitir que la prematura pérdida de lo que consideramos creencias no fácticas habrían privado a la humanidad de un fuerte apoyo en el largo desarrollo de un orden extendido que ahora disfrutamos, y que incluso la pérdida de estas creencias, sean verdaderas o falsas, crean grandes dificultades.

En Occidente, la “divinidad personal” a la cual Hayek hacía referencia en La fatal arrogancia se encuentra en la fe cristiana, que se centra en Un Dios Verdadero presentado en Su Hijo Jesús. En palabras de Hayek, el deterioro moral de un país o una sociedad “crea grandes dificultades”. El admitió que la religión y la moralidad, establecidas por la tradición no solo ayudaban espontáneamente a regir las relaciones de los hombres, sino que se constituían como “un poderoso apoyo al orden extendido”. Creía que a través del orden espontáneo (ensayo y error) la sociedad desarrolló instituciones religiosas y la fibra moral necesaria de libertad para prosperar. Aunque Hayek dudaba de la existencia de una “divinidad personal”, reconoció la contribución de las creencias religiosas para una sociedad libre.

2. Influencias

Hayek, y su maestro Ludwig Von Mises (1881-1973)
Hayek, y su maestro Ludwig Von Mises (1881-1973)

Hayek creció rodeado de una cultura Católica Cristiana que lo afectó en su juventud. La tradición religiosa que existía en la Austria anterior a la Primera Guerra Mundial educó a los jóvenes en el catecismo de la Iglesia Católica. Hayek fue parte del paso de estas tradiciones a otras siguientes. El entendía que estas tradiciones afectaban incluso a aquellos que no las consideraban importantes o que no las creían (Hayek, 1988).

El Evolucionismo también influyó en el pensamiento de Hayek. En su familia habían muchos científicos que creían fuertemente en la evolución. Su medio familiar ayudó a formar y generar sus convicciones sobre Evolución Social y Órden Espontaneo. Sin embargo, Hayek no escribió sobre la evolución y sus implicaciones sociales hasta 1950.

De joven Hayek había sido un socialista Fabiano (Ebenstein, 2003. p. 41). Su pensamiento cambió bajo la influencia de Ludwig Von Mises cuando asistía a su seminario. Mises y Hayek se hiceron amigos y discutían sobre economía. Los dos son considerados los pilares gemelos de la Escuela Austriaca del Siglo XX. Tuvieron sus diferencias porque Mises era un utilitarista racional, mientras que Hayek era un evolucionista social (Ebenstein, 2003, p. 54), pero la influencia de Mises en el pensamiento de Hayek fue considerable, y este siempre respetó a su profesor. Ambos pusieron su mirada bajo el mismo objetivo: entender la libertad individual. El Cristianismo también se fija en la “Constitución de la libertad”. De hecho, el Cristianismo dice que Jesús vino a liberar a la humanidad.

Max Weber (1864-1920)
Max Weber (1864-1920)

Mises no fue la única influencia significativa en el pensamiento hayekiano. Hayek quiso estudiar bajo la dirección de Max Weber, cuyo libro, la ética Protestante y el espíritu del Capitalismo argumentaba que el Cristianismo protestante era la base para que el Capitalismo creciera y prosperara. Por otra parte, Weber creía que el Catolicismo medieval era más hostil al sistema de mercado. Weber tuvo una perdurable influencia en aquellos que vinieron después de él, entre esos Hayek. Desafortunadamente para Hayek, Weber falleció el verano anterior a su graduación, antes de poder estudiar con él (Caldwell, 2003. p. 141).

A pesar que rechazaba las creencias y la piedad del Cristianismo, Hayek se identificaba con otros pensadores liberales católicos. Un ejemplo es el origen de la Sociedad Mont Pelerin y como este influyente grupo escogería su nombre. De acuerdo a Ebenstein (2001),

Al recordar que Frank Knight, de la Universidad de Chicago, se opuso a la propuesta (de Hayek) de llamar a la naciente asociación “La Sociedad ActonTocqueville“, Hayek mencionó “Un divertido episodio sobre Frank Knight. Cuando llamé a ese primer encuentro en Mont Pelerin, tuve la idea de que iba a ser una sociedad permanente, y propuse que fuera llamada La Sociedad Acton-Tocqueville. Frank Knight se indignó muchísmo”, “¡No puedes poner el nombre de dos católicos a un movimiento liberal! (exclamó Knight)”; lo hizo imposible. Cockett dice que “unos pocos apoyaron la propuesta original de Hayek, mientras otros preferían los nombres de Burke y Smith (p. 146)”.

Muchas discusiones entre los miembros de la Sociedad Mont Pelerin no fueron solo en respuesta a las políticas socialistas que se venían implementando en diferentes países, sino también por el crecimiento de una “visión de la historia que desaprueba los estándares morales absolutos”. La sociedad ayudó a promover una “moral esencial y unos orígenes económicos” (Machlup, 1976) sobre los cuales se fundara y sostuviera una sociedad libre y virtuosa. En Occidente, el Cristianismo suplía aquellos fundamentos

Muchas discusiones entre los miembros de la Sociedad Mont Pelerin se centraron temas como la moralidad, la cristiandad y la libertad. Estuvieron de acuerdo en que el nacimiento y la protección de la libertad no podrían ser apartados de los fundamentos morales de una nación. Hayek reconoció que la ley y la moralidad eran necearias para que la libertad tuviera éxito. Sus últimos escritos ponían al caballo de la moralidad antes que el carro de la libertad.

3. Visión del Hombre

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“La curiosa tarea de la economía es demostrar a los hombres lo poco que saben sobre aquello que creen poder diseñar”

La conexión mas notoria entre Hayek y el Cristianismo es la perspectiva sobre el Hombre. Hayek entendió que los agentes económicos individuales tienen una comprensión limitada del mundo que les rodea. Basado en esta premisa, Hayek se concentró en la libertad y se opuso a la planificación centralizada. Atacó la creencia socialista de que alguien pueda tener un conocimiento superior que le permitiera de manera centralizada ordenar las relaciones entre los hombres. Hayek demostró que el orden espontáneo de los sistemas e instituciones que permitía la libertad traerían progreso a la sociedad. Este argumento es importante en la percepción de Hayek sobre la economía y la libertad.

En aquel entonces, existía una gran percepción del Hombre y de su capacidad para razonar gracias a la Ilustración y al Modernismo. Hayek revisó ese concepto de sabiduría, e ideó uno basado en la perspectiva Judeo-Cristiana. Cuando Hayek escribió “Economía y conocimiento” rompió con esa antigua tradición antropocéntrica basada en filosofías positivistas-racionalistas. La dirección que tomó estaba basada en la Biblia.

La Biblia dice que el corazón del hombre es “engañoso… más que todas las cosas” (Jeremías 17:9) y al mismo tiempo el ser humano es considerado “poco menor que los ángeles (Salmos 8:5; Hebreos 2:9). Esta congruencia aparece a lo largo del Antiguo y Nuevo Testamento. El intelecto de Hayek le permitió entender esta balanceada visión de la realidad, sosteniendo la existencia de una alta y una baja perspectiva del Hombre.

Hayek tenía una baja perspectiva del Hombre ya que conocía sus limitaciones. Entendía que la acción del Hombre estaba delimitada sistemáticamente por la ignorancia y la incertidumbre. Hayek lo expresó así: “Nuestra ignorancia implica que tenemos que manejar posibilidades y probabilidades” (Hayek, 1960. p. 29).

La alta visión del hombre que tenía Hayek se nota en su renuencia a considerar a los hombres y mujeres como simples autómatas. Horowitz (2001) resume el pensamiento de Hayek así:

El mercado no es el lugar donde los atomistas maximizadores ciegamente chocan esperando producir algún tipo de resultado de equilibrio estático óptimo. Más bien, es parte de la comunicación, un proceso a través del cual superamos los límites de nuestra mente y nos enganchamos en un comportamiento cooperativo para crear, producir e intercambiar. Al proveer indirectamente conocimiento a través de precios de mercado, permitimos que los demás hagan uso de ese conocimiento y construyan sus propios planes como consecuencia.

Durante sus últimos años, Hayek explicó:

Lo esencial del funcionamiento del proceso es que cada individuo sea capaz de actuar con su propio conocimiento particular, al menos en lo que se refiere a algunas circunstancias particulares, y que sea capaz de utilizar sus habilidades y oportunidades individuales dentro de los límites conocidos por él y por su propio propósito individual (Horowitz, 2001. p. 29).

Hayek creía que las limitaciones del conocimiento humano se reducían a través de los procesos de mercado porque los agentes económicos comparten información a través del mecanismo de precios. Al compartir información, los individuos pueden mejorar la “construcción de planes” en palabras de Hayek. Estos “planes” individuales no son dirigidos de manera central. Tampoco son los planes individuales plenamente efectivos. Hayek sostenía que “nuestra fe en la libertad no descansa en resultados previsibles en circunstancias particulares sino que liberará más fuerzas para el bien, que para el mal” (Horowitz, 2001. p. 31). Hayek escribió que “el hombre aprende en la decepción de las expectativas” (Horowitz, 2001. p. 30).

¿Por que la decepción es parte del aprendizaje? La decepción revela que las personas tienen capacidades limitadas. A si sea en el sistema hayekiano o en la teología cristiana, ningún individuo es el centro de la sociedad. La “decepción de las expectativas” es básica para el sistema hayekiano, y fundamental en el Cristianismo. No es nada más ni nada menos que la doctrina de la caída.

Hayek tenía fe en la libertad, y esta era resultado de la coordinación espontánea de todos los individuos ya que nadie tiene el suficiente conocimiento para coordinarlo todo. Esta perspectiva es paralela -y no perpendicular- a la creencia crisiana de que Dios orquesta la economía para Sus propósitos ya que nadie más tiene el suficiente conocimiento para hacerlo. Ebenstein (2003) reconoció este nexo entre el pensamiento de Hayek y el Cristianismo cuando escribió:

La perspectiva del Hombre de Hayek guarda relación con la del Cristianismo, desde el principio hasta el final, ya que enfatizan la insignificancia e insuficiencia humana. El abismo entre Dios y los hombres es absoluto en el Antiguo Testamento. Hayek consideraba la insuficiencia del hombre más desde una perspectiva intelectual que moral (aún así, reconoció la debilidad de los hombres en esta área) y su énfasis general en la insuficiencia humana individual es compartida por muchos conservadores y escritores religiosos (p. 195).

Otra forma de expresarlo es esta: La fatal arrogancia de Hayek y la Torre de Babel en la Biblia enseñan la misma lección. El resultado de que los hombres sobrevaloren sus capacidades lleva a la destrucción de la sociedad; en el pensamiento hayekiano la destrucción se da gracias al control centralizado y subversivo del Estado que busca quebrantar el orden espontáneo, mientras en el pensamiento cristiano la destrucción es producto de negar la existencia de un Dios soberano que dirige y sostiene todas las cosas conforme a Sus propósitos.

4. Visión cristiana del Hombre

La humanidad tiene un valor inherente y está constituida por una única mezcla de espíritu, alma y cuerpo.
La humanidad tiene un valor inherente y está constituida por una única mezcla de espíritu, alma y cuerpo.

La perspectiva cristiana del hombre está basada en que la humanidad, creada a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1-2) ha sido diseñada para dirigir y dominar la tierra (Génesis 1:28) y para reflejar la imagen de Dios en la creación. La humanidad tiene un valor inherente y está constituida por una única mezcla de espíritu, alma y cuerpo. Esto encaja con la alta visión del Hombre de Hayek.

En el Cristianismo las personas han sido apartadas de la gloria de Dios por el pecado original (Romanos 1, 3:10-18, 3:23). Esto encaja con la baja visión del Hombre de Hayek. El nexo entre baja y alta visión está presente en el pensamiento de Hayek y en el Cristianismo. Para Hayek la baja visión se halla en La fatal arrogancia; la alta visión en La Constitución de la libertad.

Según Hayek, la mecánica del orden social involucra coordinación espontánea y es consecuencia de la evolución social de ensayo y error. El Cristianismo va más allá. El orden social involucra desde sus raíces un Dios soberano que creó todas las cosas para Su gloria y fuera de Él nada se mantiene o existe (Colosenses 1:27; Hechos 17:25).

Al establecer una perspectiva cristiana de la Economía se hallan múltiples conceptos bíblicos que no están presentes en el pensamiento hayekiano (Novak, 1982). Sin embargo el Cristianismo -al igual que Hayek- ve que el orden económico presupone una libertad basada en agentes económicos con principios morales. De acuerdo al Cristianismo, uno de los principales propósitos de Dios al crear al Hombre era tener virreyes que gobernaran y sometieran (Génesis 1:28). Pero la visión cristiana del orden económico no es utópica; debido a las deficiencias del Hombre, siempre habrán pobres (Juan 12:8), corrupción y abuso de poder. Estos han estado presentes desde la Caída de Adán.

Hayek implícitamente adoptó el concepto bíblico de la Caída de Adán. Hayek nunca insinuó que los humanos fueramos perfectos; tampoco insinuó una utopía de ingeniería humana. Por consiguiente, Hayek creía que era mejor tener una sociedad libre que tolerara estos males a renunciar a la libertad en un futíl intento por suprimir todas las deficiencias del Hombre.

Wilhelm Röpke (1899-1966)
Wilhelm Röpke (1899-1966)

De hecho, al final de la Segunda Guerra Mundial, Hayek admitió (en un discurso en la University College Dublin) que el progreso económico dependía tanto del desarrollo moral como de otros factores económicos. Esta visión es paralela a la convicción de uno de sus colegas cristianos que también fue miembro original de la Sociedad Mont Pelerin: el economista alemán Wilhelm Röpke. Al describir los desafíos de la modernidad, Röpke dijo: “Necesitamos una alta cantidad de progreso técnico, política internacional y organización económica, pero también necesitamos valores que trasciendan a la oferta y la demanda” (Shasching, 1996).

Para Hayek y muchos liberales clásicos, la libertad está enmarcada en restringir la autoridad central y en dar a los individuos la libertad de elegir. Esto plantea un dilema: ¿como puede ser creada y sostenida una sociedad moral si la autoridad está limitada? Hayek diría que (1) el proceso es evolutivo y (2) que no hay garantía que halla un progreso moral. Para los cristianos, la libertad consiste en obedecer los mandamientos morales de Dios y por poder divino dar buen fruto. Este fruto contiene amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gálatas 5:22-23).

El sistema hayekiano de evolución de las tradiciones morales -como cualquier otro sistema evolutivo- no puede generar un punto de referencia externo. El Cristianismo, que dice ser revelación divina, permite un punto de referencia externo. Esta es una importante diferencia entre el Cristianismo y el pensamiento de Hayek.

5. Hayek y el Naturalismo

Austriacos: Lachmann, Hayek, Block, y Rothbard. 1976. Tomado de @MisesHispano
Austriacos: Lachmann, Hayek, Block, y Rothbard. 1976. Tomado de @MisesHispano

A pesar de la influencia del Evolucionismo y su rechazo de una fe personal en Dios, Hayek fue incapaz de aceptar el ateísmo como actualmente se entiende: el hombre es un organismo natural en un universo físico contenido en sí mismo sin propósito o destino (Dawkins, 1989; 2006; Dennett, 1995). Hayek nunca adoptó explícitamente el reduccionismo y relativismo de esa perspectiva naturalista. David Theroux describe a Hayek como un “naturalista”, pero uno que “siempre tuvo un pie en el Pre-modernismo”. Ese pie en el “Pre-modernismo” es un pie en el pensamiento cristiano.

Hayek se hubiera sentido incómodo al describir al Hombre como una máquina de supervivencia. También se hubiera sentido incómodo al describir a los seres humanos como hijos del Dios viviente. Hayek quedó atrapado entre esas dos visiones y nunca resolvió ese dilema. Pero su visión pre-modernista lo alejó de los coqueteos del Post-modernismo con el Nihilismo de un universo sin propósito.

A pesar de su exposición a las ciencias naturales, Hayek nunca llegó a ser un naturalista concienzudo. Nunca creyó -como Nietzsche- que el Hombre estuviera “más allá del bien y del mal” o como creyera B.F. Skinner, que el Hombre está “más allá de la libertad y la dignidad”. La fatal arrogancia y la constitución de la libertad no tienen sentido en un mundo más allá del bien y del mal, y más allá de la libertad y la dignidad. Camino de servidumbre no tendría sentido en un universo sin propósito (uno al que no le importa si los hombres se vuelven esclavos).

Lo que le faltó a Hayek fue lo que encontró el escéptico C.S. Lewis (2001a) al examinar la fe cristiana: una salida al reduccionismo del Naturalismo. Lewis describí así al Naturalismo:

El naturalista piensa que no existe nada excepto la naturaleza, y esa palabra para él significa sencillamente “todo” o el “espectáculo completo” o lo que sea… (que cualquier evento) sucede porque algún otro acontecimiento ha sucedido… Ninguno de ellos existen “por sí mismos” o suceden “por su propia cuenta”… (Consecuentemente) ningún naturalista concienzudo cree en el libre albedrío: el libre albedrío significaría que los seres humanos tienen el poder de actuar con independencia, el poder de hacer algo más o que no sea lo que estaba involucrado en la serie total de eventos. Cualquier poder separado o eventos originadores son negados por el naturalista. La espontaneidad, la originalidad, la acción “en sí misma”, es un privilegio reservado para el “espectáculo completo” al cual llama naturaleza.

Theroux (2007) muestra a C.S. Lewis ofreciendo un escape a Hayek. La Abolición del Hombre de Lewis (2001b) es la antítesis al pensamiento de que las ideas y el comportamiento humano son solamente consecuencias de los eventos físicos. La Victoria de la Razón (2005) de Rodney Stark iba más allá. Stark muestra como la invención cristiana de la Universidad promovió la revolución científica en Occidente, representación no sólo compatible sino sinérgica a la búsqueda de la investigación científica y la práctica de la religión.

A pesar que rechazó la fe cristiana, Hayek adoptó la posición -única del Cristianismo- que los hombres son “hijos de Dios” y tienen un valor intrínseco fuera de su familia, tribu, clan o nación. Esto permite fundar un moderno análisis económico porque el Individualismo Metodológico no tiene mucho sentido aparte de una persona “que tiene una voluntad libre y es responsable de las decisiones que él o ella hace” (Theroux, 2007).

Hayek implícitamente entendió esto. Pero lo vio como a través de un lente oscuro. A diferencia de Lewis, Hayek nunca adoptó abiertamente el dualismo que habría dado significado a la acción humana y que no habría reducido el libre albedrío a una ilusión. El dualismo teísta, como explica Theroux, permite lo “material y lo inmaterial, lo natural y lo sobre natural, la realidad física y la metafísica”. (Theroux, 2007, p. 53).

6. Muerte de Hayek

¿Resolvió Hayek sus dudas sobre la Eternidad?
¿Resolvió Hayek sus dudas sobre la Eternidad?

En Ebenstein (2001) hay una fotografía de la tumba de Hayek en Neustift am Wald Cemetery (Viena). Dado su proclamado agnosticismo la cruz visible en su tumba resulta una contradicción. ¿Hubo una conversión a último minuto? ¿Fueron respondidas sus preguntas de la niñez? Solamente podemos afirmar que la cruz en la tumba de Hayek mostraba las preferencias de su esposa y no las suyas. Si bien no es “permitido al hombre juzgar”, Hayek probablemente murió siendo agnóstico. No obstante, los escritos de Hayek ayudaron a nutrir una sociedad en la que los cristianos tienen la libertad para perseguir las enseñanzas de su fe.

7. Conclusiones

El Cristianismo tuvo un gran impacto en F.A. Hayek al desarrollar sus puntos de vista sobre la libertad. Parte de esta influencia vino a través de su educación en el Occidente cristiano. Hayek también fue influenciado por los evolucionistas que le ayudaron a apreciar las limitaciones del conocimiento humano y concebir el Orden Espontáneo. Muchas de las conclusiones de Hayek son sobre la libertad en un marco cristiano, aunque como agnóstico, no tendría ninguna convicción sobre el propósito del Ser Humano.

Tanto Hayek como la fe cristiana reconocen una alta y una baja visión del Hombre. Aunque Hayek no pensara que el Hombre llegara a “ser un poco menor que los ángeles,” claramente creía que el Ser Humano tenía un valor digno para que se le concediera libertad. Los hombres creados a imagen de Dios merecían ser libres de los “malvados”. Pero en un mundo afectado por la caída de Adán, ¿cómo podría suceder? Esta es la pregunta que Hayek intentó responder.

Para Hayek, los individuos no existen para servir al Estado. Por otra parte, reconocía las limitadas capacidades del Ser Humano. Nunca reconoció a los hombres como “caídos” en el mismo sentido del Génesis, pero creía que ningún ser humano tiene el suficiente conocimiento para dirigir a otros. En los inicios de su carrera escribió esto:

Apenas sería demasiado afirmar que el principal mérito del individualismo que Adam Smith y sus contemporáneos
defendieron fue un sistema en que los hombres malos pueden hacer menos daño. Es un sistema social que no depende de hombres buenos para su funcionamiento, o que los hombres mejoren, sino que hace uso de los hombres en toda su variedad y complejidad, a veces buena y a veces mala, a veces inteligente y más a menudo estúpida (Hayek, 1948, p. 12).
“A veces buena y a veces mala” no es la total depravación del Hombre propuesta por los Reformadores. Pero es la doctrina más cercana a las Sagradas Escrituras, más que el pensamiento de muchos de los compañeros intelectuales de Hayek o del Pos-modernismo de muchos de sus sucesores.
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