Sobre la separación entre la Iglesia y el Estado

imagesEncontré un libro llamado Por qué no soy musulmán, de un autor arabe que firma bajo el seudónimo de Ibn Warraq. No planeo de momento hacer ninguna reseña del libro porque no lo he terminado. Aprovecho, para escribir una reflexión del libro, sobre la separación entre el Estado y la Iglesia según John Locke donde se enumeran sus razones:

Primero, porque el cuidado de las almas no se encomienda de un modo particular al magistrado civil (el Estado). Dios no le ha encomendado tal tarea; porque es evidente que Dios no ha dado nunca tal autoridad a un hombre para obligar a otro a adoptar su religión. Ni puede investirse al magistrado (el Estado) de tal poder con el consentimiento de la gente, porque nadie puede descuidar de tal manera su propia salvación como para dejar ciegamente la elección en manos de otro, ya sea este príncipe o un sujeto común, a fin de que le orden qué fe o culto debe abrazar. Pues ningún hombre puede conformar su fe a los dictados de otro. El poder de la verdadera religión radica en el total convencimiento interno; la fe no es tal si no se cree. (…)

En segundo lugar, el cuidado de las almas no puede estar a cargo del magistrado civil, porque el poder de este no es más que una fuerza externa; pero la religión verdadera y redentora se basa en el convencimiento interno, sin el cual nadie es aceptable a los ojos de Dios. Y la naturaleza de la comprensión es tal, que ninguna fuerza externa puede obligarla a creer algo en particular. (…) Fácilmente se alegrará que el magistrado podría hacer uso de argumentos (…). Pero una cosa es persuadir y otra ordenar; una cosa es presionar con argumentos, y otra con castigos. (…) El magistrado no tiene poder para imponer determinado artículo de fe, o una forma cualquiera de culto, con la fuerza de sus leyes.

Tercero (…), si sólo hubiera una verdad, un camino al cielo, ¿qué esperanza habría de que lo alcanzara un mayor número de personas, si éstas no contaran con más reglas que las de la religión del Estado y se vieran obligadas a renunciar a la claridad de su propia inteligencia, a oponerse a los dictados de su propia conciencia y a aceptar la voluntad de sus gobernantes y de la religión que, por el azar de la ignorancia, la ambición o la superstición, impera en el lugar que las vio nacer? Dentro de la variedad de opiniones religiosas contradictorias, en las que los príncipes están tan divididos como divididos están sus intereses terrenales, se reforzaría la vía más estrecha; un único país estaría en lo cierto, y el resto del mundo se vería en la obligación de seguir a sus respectivos gobernantes en un camino que sólo conduce a la destrucción.

John Locke, A Letter concerning Toleration (Carta sobre la tolerancia), pp 9-12.

Como cristiano, me resulta imposible entender a aquellos hermanos cristianos que quieren que el Estado y la Iglesia sean uno solo. A pesar de estar seguro que Jesús es el único camino para ir al cielo, no puedo obligar a otra persona a que lo acepte. Una buena pregunta para aquellos que buscan un Estado religioso sería: ¿que sucedería si el Estado se fusionara con una religión contraria a la tuya, como el Islam?… ¿seguirías pensando lo mismo?

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