“Soy cristiana y quiero que termine la guerra contra las drogas”

(Traducción no literal de Rare. Bonnie Kristian es escritora, editora y consultora en Young Americans for Liberty. Algunas imágenes fueron removidas para evitar reclamos o por contenido que consideré inoportuno para este blog).

"En vez de sanar a desahuciados y sanar sus heridas, los estamos metiendo en prisión"
“En vez de seguir el ejemplo de Dios, sanando a los quebrantados de corazón y curar sus heridas, los estamos metiendo en prisión”

A finales de 2013, un hombre de Iowa llamado Benton Mackenzie tuvo una confrontación con la policia. Fue arrestado por 42 días, y la policía también acusó a su esposa, hijo y a un amigo de la familia. Su padre, un veterano del ejército, fue acusado también solamente por vivir en la misma casa de Benton.

¿De qué fueron acusados todos estos pervertidos? De cultivar y consumir marihuana.

Benton moría de cancer y sus médicos confirmaron que no había nada que hacer para ayudarlo y el tiempo que le quedaba era muy doloroso. El tipo de cancer que tenía era angiosarcoma, que causa tumores dolorosos que salen como erupciones en la piel.

Sucede que el aceite de cannabis era la única medicina que trajó algún alivio a Benton, pero el uso de la marihuana -incluso con fines medicinales- es estríctamente ilegal en Iowa. ¡Fue liberado tan pronto como el Estado vió que tendría que pagar sus gastos médicos!

Dijo la mamá de Benton (71 años), acusada de ser delincuente: “Mi esposo y yo hemos sido acusados de llevar un punto de producción de drogas en la casa, solamente porque le permitimos vivír con nosotros y tratar su cancer”.

¿Así tratamos a los pacientes de cancer en la terra de la libertad?, ¿es esto lo que obtenemos en la guerra contra las drogas? y si es así, ¿es esta una guerra que queramos seguir peleando?. Para muchos cristianos -incluso yo, en el pasado- continuar la guerra contra las drogas era indiscutible. Las drogas son malas, así que deben ser ilegales, ¿no?.

No tan rápdio, la biblia no habla mucho sobre el tema de las drogas tal como lo vemos hoy en día. No es que las drogas no existieran en tiempos bíblicos. Existían, incluso es posible que algunos de los pensadores que fundaron la civilización occidental las usaran (que puede ser divertido o escalofriente, dependiendo como lo veas).

Pero la biblia no da mucha atención a las drogas. Afortunadamente, si dice mucho sobre el alcohol y las borracheras, y muchos cristianos estamos de acuerdo en aplicar dichos principios al consumo de las drogas también.

Sin embargo, si Jesús enseñó una parábola sobre el límite de las tres cervezas, los escritores cristianos no lo incluyeron. En vez de eso tenemos un marco dentro del cual ejercemos la libertad cristiana, seguimos el buen juicio (razonamiento) y sentimos la convicción de Dios. Pablo escribe acerca de beber en sus primeras cartas a Timoteo y los Corintios. Juan el Bautista se abstuvo de beber, mientras Jesús -en Juan 2- hizo el milagro de convertir agua en vino en una boda, y no solo “un vino”, sino uno de gran calidad.

La biblia no prohible beber, pero es muy claro que Dios no aprueba la intoxicación desenfrenada, la adicción, o llevar a otros a pecar. Mientras unas drogas son menos fuertes que el alcohol, y otras más dañinas, se rige bajo los mismos principios básicos.

Isaías 53:5
Isaías 53:5

Cuando se abusa del acohol (o las drogas), Jesús y los escritores del Nuevo Testamento confían en que este es un problema que Dios puede manejar al santificarnos y hacernos nuevas creaciones en Cristo. En un sentido práctico, este tipo de pecado solo le incumbe a la iglesia, tal como Pablo lo menciona, no es un asunto el cual deba involucrar a un gobierno secular.

“Está bien”, puedes pensar, “Pero el hecho que Jesús o Pablo no forzaran a Cesar a prohibir las drogas, no significa que deban ser legales aquí y ahora. Podemos tener la disciplina de la iglesia para lidiar con el abuso de las drugas y hacerlo ilegal también”. Seguro, pero cuando encerramos a la gente en la carcel por consumir drogas por salud o diversión, ¿que estamos logrando?

Mencioné el caso de Benton para ilustrar las trágicas consecuencias de la criminalización de las drogas para aquellos cuyo sufrimiento disminuye solamente con sustancias ilegales. ¿Pero que sucede con los consumidores por recreación y sus familias?

Miremos otra historia, sobre una pareja joven en California, Daisy y Jayme, quienes tienen tres pequeños hijos. Daisy y Jayme cultivan su propio cannabis y lo venden como marihuana medicinal. Aunque el uso de marihuana medicinal es legal en su Estado, en enero del año pasado fueron arrestados y sus hijos les fueron arrebatados.

Mientras Jayme permanece en prisión con una fianza de un millón de dólares, a Daisy rara vez se le permite ver a sus hijos. Al cuidado del Estado, sus hijos han pasado por muchos hogares adoptivos, olvidando el idioma de señas que estaban aprendiendo, y empeorando su salud. Ahora, los tres niños se rehusan llamar “Mamá” a Daisy.

La historia de Daisy puede ser más impresionante que la mayoría, pero para todos aquellos -consumidores y familiares-  que se meten en problemas con la ley, sufren una tragedia similar. En prisión, el abuso de las drogas, las violaciones y los problemas de salud mental están desenfrenados. Después de una sentencia en la prisión, con traumas psicológicos y a menudo intactas adicciones a las drogas, muchos ex-prisioneros se encuentran a sí mismos como parte de una “sub-clase” que no puede encontrar buenos trabajos sin importar cuan limpios puedan estar de las drogas. Un empleador se preguntaría: “¿Por qué contratar al ex-convicto que podría ser un adicto a las drogas cuando puedo contratar a alguien con menos… historia?”.

Según Adam Gopnik, de The New Yorker’s, los consumidores de drogas están “condenados de por vida” a un sistema de control invisible. Impedidos de votar, legalmente discriminados por el resto de sus vidas, la mayoría volverá a la prisión.

Desordenes mentales, abuso sexual, desempleo indefinido, adicciones no tratadas, familias destruídas y una vida tras las rejas son las consecuencias de la guerra contra las drogas -afectando por primera vez a delincuentes no violentos gracias a las leyes de sentencias mínimas obligatorias.

Jesús dijo que reconoceríamos a los falsos maestros “por sus frutos”, y si puedo usar esa medida, diría que la guerra contra las drogas tiene frutos podridos. En vez de seguir el ejemplo de Dios, “sanando a los quebrantados de corazón y curando sus heridas”, los estamos metiendo a la carcel. En vez de seguir la dirección de Dios a “defender a los débiles y los huérfanos; y hacer justicia al afligido y al menesteroso”, estamos creando una generación de huérfanos. ¿Es eso lo que queremos lograr? ¿Son estos los frutos que queremos cultivar?

No soy “blanda con el pecado”, y sé que Dios quiere que tengamos vidas sobrias, buscando la santidad. Pero creo que la guerra contra las drogas está dando terribles frutos, y está desplazando -al Estado- una responsabilidad que Jesús visualizó para la iglesia.

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