El último símbolo de la Guerra Fría

Sin lugar a dudas, la  Zona Desmilitarizada de Corea (DMZ) es uno de los primeros sitios que voy a visitar cuando vaya a Corea. Tanto el norte comunista y el sur capitalista tienen interesantes historias por contar, y los periodistas captan esos momentos incómodos para los coreanos, pero que dan para escribir en los periódicos. El siguiente artículo fue escrito por Holman Rodríguez Martínez, para EL TIEMPO el 18 de octubre de 2009.

Éramos turistas extranjeros, pero la tensión estaba en el ambiente y así nos lo hicieron sentir los soldados surcoreanos y norcoreanos, también los guías turísticos que acompañaban a nuestro grupo en el que había 40 japoneses, 5 estadounidenses, 4 británicos, 2 australianos y un colombiano en la visita a la zona desmilitarizada entre Corea del Norte y Corea del Sur.

Al fin y al cabo, cualquier cosa que hiciéramos que no estuviera dentro de los protocolos de seguridad, podría causar un serio incidente. No es para menos: las dos Coreas están oficial y técnicamente en guerra.

El conflicto, de 1950 y 1953, que se dio entre los dos países, o mejor, entre los bloques comunista y capitalista, se selló con un armisticio, pero nunca con un tratado de paz. Veinte países, entre ellos un batallón de Colombia, participaron de uno u otro lado en la conflagración defendiendo a Corea del Sur. Panmunjeon, donde estábamos , en el lado norte de la frontera, se mantiene como el último vestigio de la Guerra Fría.

Las autoridades tampoco ayudan a rebajar la tensión. Poco antes de la visita a la zona, es obligatorio firmar la ‘visitor’s declaration’, que no es más que un documento en el que advierten de los probables riesgos de ser heridos o incluso muertos como resultado de una acción hostil, a pesar de estar en una zona neutral en la que hacen presencia soldados de las Naciones Unidas y de los dos países.

El documento serviría de constancia histórica en caso de que algo malo le pase al grupo. Por supuesto, como estábamos por voluntad y gusto propios, los 52 firmamos con letra bien grande y fecha: August 20-2009.

Cualquier advertencia es poca. el paso de una persona hacia Corea del Norte, así sea civil y sin autorización, es considerado un acto de guerra.

En el mejor de los casos, los civiles que han pasado a Norcorea, sin permiso, son tratados como espías y condenados a trabajos forzados. En mayo pasado, dos mujeres periodistas estadounidense recibieron esa pena, pero fueron liberadas hace más de un mes, tras el ofrecimiento personal de excusas por parte del ex presidente estadounidense Bill Clinton al líder norcoreano Kim Jong-il.

A ese clima de hostilidad se suma el hecho de que el régimen del norte hace permanentes manifestaciones de fuerza, como el ingreso de patrulleras a aguas surcoreanas o la captura de pescadores que se adentran en sus aguas territoriales.

El día de la visita, los soldados norcoreanos estaban tranquilos, aunque acalorados, pues al medio día -hora de la visita- la temperatura estaba sobre los 29 grados centígrados, a pesar de que el cielo estaba cubierto de nubes.

Soldado surcoreano
Soldado surcoreano

Las advertencias (en inglés) eran cortantes: no consumir alcohol; no hablar con los soldados norcoreanos ni permitir entablar conversación; no señalarlos con los dedos o las manos; no hacerles gestos; por ningún motivo tocar los símbolos, banderas o muebles colocados en la parte de Corea del Norte a la que accecdimos; no pararse dentrás del último soldado surcoreano que vigila el interior de una de las casetas donde se negoció el armisticio de 1953, y solo tomar fotografías cuando el ejército surcoreano y los guías lo permiten.

Con la atmósfera cargada de un simbolismo como de guerra y con unos soldados surcoreanos que en el mismo borde de la frontera mantienen los puños fuertemente cerrados, los brazos ligeramente doblados como en posición lista para el combate y usan unas gafas de grandes lentes oscuros -quizás para que no los reconozcan cuando están de civil- obviamente , no era momento para hacer bromas ni para conversaciones largas o en voz alta.

Como es natural, el grupo de extranjeros (a los coreanos del sur no les permiten visitar la zona desmilitarizada a menos que sea con un permiso especial que puede durar meses en concederse), especialmente los japoneses, estaban muy prestos a obedecer las recomendaciones. No era para menos, y así lo advertían los anfitirones. Ya se han presentado incidentes con turistas que no obedecen las recomendaciones y terminan fuertemente regañados a gritos en coreano e inglés, y en el peor de los casos, muertos.

Esto le sucedió a una mujer en mayo del 2008 (aunque no en la zona desmilitarizada), que según el Gobierno de Seúl se adentró unos pocos metros en la frontera de Corea del Norte por una zona costera y por este hecho fue muerta por disparos de un soldado de ese país. Y como no podía faltar, en esta visita hubo gritos de los soldados y los guías. Una pareja de británicos salió antes de tiempo del sitio más emblemático de la zona desmilitarizada a tomar fotos en un sitio prohibido. “Es en serio”, les reprocharon algunos turistas.

Zona Desmilitarizada de Corea
Zona Desmilitarizada de Corea

Punto neurálgico

Curiosamente, el recuerdo de los soldados colombianos que fueron a combatir del lado del sur está presente no solo en las autoridades, sino en la gente, que sabe muy bien la historia.

Como se lo dijo a EL TIEMPO Jungsoo Doo, director general de Asuntos para América Latina del Ministerio de Relaciones Exteriores y Comercio surcoreano, el país tiene un lazo de amistad histórico con Colombia por haber ayudado en el conflicto contra el vecino comunista del norte. Y así, a pesar de los más de 15.000 kilómetros de distancia entre los dos países, en las agencias de viaje, en las tiendas de suvenires y en las oficinas gubernamentales hay banderas de Colombia en agradecimiento por ese gesto.

Al norte, más allá de la frontera, las cosas no van bien. Según los pocos informes que salen de ese país, no hay suficiente comida para alimentar a toda la población y, en cambio, el mandatario Kim Jong-il mantiene una carrera armamentista sin freno que ya le permitió acceder a la bomba atómica y desarrollar un programa de misiles de largo alcance que, incluso, podráin llegar a suelo estadounidense.

Por eso, según Jungsoo Doo, el alto funcionario surcoreano, tras un programa de años de ayuda incondicional de su país a Norcorea por 10 años y que representó 7.000 millones de dólares, en el 2008 esta se suspendió y en este momento solo se envía ayuda alimentaria como alimentos, medicinas y -como lo pudimos comprobar en la visita a la zona desmilitarizada- cemento listo para verter.

La consigna, según el Gobierno surcoreano, es que deben darse cambios drásticos y definitivos en su hermano del norte para que haya democracia y de esta manera volver a enviar ayuda y, en el futuro, ante una posible unificación, como lo hicieron las dos Alemanias, volcar todo un plan de desarrollo a la empobrecida Corea del Norte y llevarla al estadeo de prosperidad que se vive en sur, que en 50 años pasó de ser un país del Terecer Mundo, a ser la décima economía del planeta.

 

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